| 13 B'atz', 4 Sotz' del año 1 Kej, 5.154.
El tiempo y los Mayas es el tema que tocaremos a través de este artículo. Quizá usted se ha preguntado: ¿por qué los Mayas dieron tanta importancia al tiempo? ¿Por qué los Mayas estaban obsesionados con la medición del tiempo? Para todas estas preguntas y más hay una gran respuesta. ¿El porqué? Nuestros ancestros los Mayas vivieron su tiempo amando y respetando el tiempo.
Una de las razones tiene mucho que ver con su origen, con su principio como raza, como pueblo y como civilización, y también tiene que ver con el propósito para lo que fueron creados. Cuando entendemos el origen de nuestros abuelos y abuelas y su propósito de vida, entendemos también el porqué le dieron tanta importancia al tiempo.
Cuando hablaron por primera vez ante el Creador y Formador, dijeron esto: ¡En verdad os damos gracias dos y tres veces! Hemos sido creados, se nos ha dado una boca y una cara, hablamos, oímos, pensamos y andamos; sentimos perfectamente y conocemos lo que está lejos y lo que está cerca. Vemos también lo grande y lo pequeño en el cielo y en la tierra. Os damos gracias, pues, por habernos creado, ¡oh Creador y Formador!, por habernos dado el ser, ¡oh abuela nuestra!, ¡oh nuestro abuelo!, dijeron dando las gracias por su creación y formación.
A través de sus sabias y benditas palabras en el sagrado Pop Wuj, entendemos que desde el principio de su existencia nuestros abuelos supieron todo; absolutamente todo acerca de todo. Y se dieron cuenta que todo el magno universo y el cosmos es nuestra vida y nuestro hogar; y que este hogar no es otra cosa que N’AJTAQ’ (TIEMPO, ESPACIO Y ENERGÍA).
Desde el principio de su existencia, vieron que el tiempo, el espacio, la energía y la conciencia no son algo, sino que son alguien sagrado que tiene vida, personalidad y movimiento. A la vez, ellos vieron que el tiempo, el espacio y la energía están ligados cien por ciento con el ser humano, y que a su vez vieron que el tiempo ejerce poder y dominio sobre el ser humano y sobre todo lo que existe.
Vieron que el tiempo es nada más ni nada menos que LA MATERIA PRIMA DE TODO LO QUE EXISTE. Que con él tiempo todo es posible y sin él nada es posible. Y que el abastecimiento de la misma es en verdad un milagro, y un asunto genuinamente sorprendente.
Ellos vieron también que el tiempo es la POSESIÓN MÁS PRECIOSA E IMPORTANTE EN LA ESCALERA DE LA VIDA DE TODO SER SOBRE LA MADRE TIERRA. Y el bien más valioso que todos poseemos, para producirnos el mayor bien posible. Esta es la razón, motivo y circunstancia que llevó a nuestros abuelos los Mayas a dedicar toda su vida en conocer el tiempo y vivir en armonía con ella. Ellos se esmeraron tanto en conocer el tiempo y el movimiento del cosmos para no ser manipulados por ella, sino beneficiarse de ella y sus manifestaciones.
Hoy en día, uno de los problemas más grandes de los países industrializados y los científicos de la actualidad es que no han podido dominar el tiempo y sus manifestaciones, aunque tienen tanta tecnología. Pero toda esta tecnología y los aparatos más sofisticados no han podido, no pueden ni podrán evitar los movimientos y los caprichos de la madre naturaleza, porque el hombre occidental o la mayoría de los científicos actuales piensan que el universo, el cosmos y la naturaleza son algo inanimado y que el hombre domina sobre ella. Pero, lamentablemente, es todo lo contrario. El hombre no es mayor que el tiempo, porque no puede quitar ni añadirse ni un milésimo de tiempo, tampoco puede comprarla, robarla ni abusar de ella. El tiempo es soberano y entenderlo y vivir a su ritmo trae la paz, la armonía y la felicidad.
Bendito sea el gran Ajaw Creador y Formador, quien dio la habilidad a nuestros ancestros los Mayas de conocer el tiempo y que está en constante movimiento, y que es mejor respetarla y estar en armonía con ella que estar en contra de ella, para no sufrir las grandes consecuencias de la misma cuando se manifieste.
Según el pensamiento de nuestros abuelos, el sol constituye un astro de primera magnitud, no solo en los aspectos espirituales, cosmográficos, astronómicos, ideológicos, etc., sino que es punto de vital importancia en sus elaboraciones matemáticas y geométricas, resultado de los aparentes movimientos del sol, por el giro anual de la Tierra a su alrededor. Los equinoccios y solsticios marcan, además de las cuatro estaciones, los cuatro rincones del mundo o los cuatro puntos cardinales que, según la plástica maya, llevaron a nuestra cultura a entender idealmente el universo como un cubo, figura geométrica perfecta.
De esa cuenta, al dividir el espacio, nuestros ancestros los Mayas concibieron dos niveles principales: el vertical, a su vez subdividido en supra mundo (twitz Kaj), el cielo (twitz X’och´) y el inframundo (twitz Najtaq’ X’otz’’). Respecto al espacio horizontal, los puntos cardinales tienen la siguiente significación: a) el oriente, identificado por el color rojo, representa el nacimiento del sol; b) el poniente, representado por el color negro, significa la muerte del sol; c) el sur, de color amarillo, significa el nacimiento del hombre; d) el norte tiene asignado el color blanco, para significar la muerte del ser humano; y e) en el centro se levanta la cruz cósmica, el ombligo del mundo, y está representada por los colores azul, que significa el color del agua y cielo, y el verde, que es el color de la naturaleza. También representa la unidad entre el hombre, el supra mundo y el inframundo, porque “los Mayas consideramos que el ser humano se encuentra en un estado de equilibrio (ya que) está en medio, en la superficie entre el (supra e infra mundo).”
Esta representación del mundo en cuatro partes corresponde en alguna medida a las cuatro estaciones del año y, por consiguiente, a las cuatro esquinas del universo Maya que, según la mitología, de esos cuatro puntos se levantaron los cuatro árboles cósmicos que sostienen y unen al mundo y el supra mundo, como son las ceibas o baacab dadores de agua. En una perspectiva más amplia, significa la vida del universo como totalidad. Es también punto de unión de todos los contrarios. Se ha identificado con la Ceiba Sagrada.
Así es como el sagrado Pop Wuj relata de manera poética: “como se acabó de formar todo el cielo y la tierra, como fue formado y repartido en cuatro partes, como fue señalado y el cielo fue medido, y se trajo la cuerda de medir y fue extendida en el cielo y en la tierra, en los cuatro ángulos, en los cuatro rincones.”
Aquí tenemos los planos vertical: supra mundo e inframundo y en el horizontal las cuatro esquinas y el centro. Justamente, el libro de los acontecimientos viene a confirmar una de las características más sobresalientes del pensamiento Maya: “unidad entre tiempo y espacio. El cosmos tuvo su origen cuando nació el sol y comenzó a moverse, y en este movimiento creó a su vez un orden en la sucesión del tiempo y un orden en la configuración del espacio.”
Es indudable que este tipo de concepción de tiempo y espacio constituye el principio rector de la sociedad Maya, principalmente en el denominado período clásico (300-900 d.C.). Abundantes testimonios podemos encontrarlos en las grandes ciudades convertidas ahora en centros arqueológicos.
Como ha quedado demostrado anteriormente, junto a la visión horizontal del mundo, los Mayas también concibieron una visión vertical, representada por tres niveles fundamentales: el supra mundo, regido por trece niveles, seis que administraban el lado oriental y seis el lado occidental; el cenit gobernaba la parte más alta que el sol asumía en el día. El inframundo está representado por nueve niveles, al igual que el supra mundo, cuatro hacia el occidente y cuatro al oriente, y el punto más bajo, que era el quinto peldaño, representaba la parte más interna o profunda del inframundo, parte desde la cual el sol iniciaba de nuevo su recorrido.
Así, en el pensamiento Maya, cada día representa un nacer y un morir del sol, equivale en el sentido simbólico a vencer día a día a los señores de Xibalbá, cuya residencia se encuentra en el inframundo. Puede entenderse como el nivel de conciencia más elemental, caldo de cultivo del odio, rencor, ambición, envidia, que todos llevamos en el fondo; ese nivel latente que puede superarse solamente con el esfuerzo cotidiano de acceder a niveles superiores de conciencia, como mitológicamente lo hizo Jun ajpú e Ixbalanqué, que vencieron a los Señores de Xibalbá, logrando que cada día alumbrara el mundo un nuevo horizonte civilizatorio, que pudiera transmitir vida y calor a los seres humanos.
Queda, pues, fehacientemente demostrado que en la cosmovisión Maya, los espacios horizontal y vertical se unen al centro de la tierra, representando el punto que señala el sol al posarse en el cenit, lugar donde confluyen las diversas fuerzas cósmicas y terrestres que desde la diversidad conforman la unidad cósmica y que implica la humanidad. Este momento constituye el más puntual y relevante dentro de la espiritualidad Maya, pues las partes, al trascender la diversidad, la devuelven a la unidad que les dio origen; actualmente el ritual se lleva a cabo en diferentes centros ceremoniales en todo el país.
La antropología también lo confirma, como podemos observar en el siguiente texto: “Podría decirse que en la época Clásica nuestros abuelos y abuelas Mayas consideraban que los conceptos de orden, creatividad, bondad y energía estaban naturalmente ligados al poder benéfico del sol. Así como todos los ciclos temporales del mundo natural y humano se vinculaban con el movimiento del sol.”
En las ciudades Mayas de la época Clásica se puede apreciar el extraordinario esfuerzo que se hacía por tratar de recrear a nivel del mundo social, político y arquitectónico la armonía y ritmo del cosmos. En la actualidad sabemos por estudios e investigaciones científicas que las ciudades Mayas se construyeron bajo la visión de rehacer en sus trazos el orden cósmico, cotidianamente trazado por el sol. Por ejemplo, la orientación de las construcciones de las escalinatas de los principales monumentos históricos y arquitectónicos de Tikal, Yucatán, Uxmal, Takalik Abaj, etc., se encuentran ubicadas con orientación que demuestra el camino del sol: el nacimiento y muerte en función de recrear la armonía que generan el orden cósmico en sus combinaciones unidad-diversidad-unidad.
La planeación de estos conjuntos urbanos, y la distribución y orientación de sus edificios, quiso reproducir la división cuatripartita del cosmos, convertir el centro sagrado de la ciudad en una réplica del ombligo del mundo que le daba sustento al universo, hacer de cada templo y edificio un indicador de los desplazamientos del sol por la órbita celeste, de manera que la ciudad terrena tuviera las mismas anclas axiales que sustentaban la armonía del cosmos.
Como sin duda se ha podido ir apreciando, los conceptos Mayas contienen en privilegio la relación de macrocosmos y microcosmos en vinculación directa, a partir de que en sus construcciones implican la representación de pequeños universos conectados a sistemas más grandes: las ciudades y el conjunto reelaboraba la armonía cósmica hasta lograr una visión tetra dimensional: espacio-tiempo y energía. Espacio, tiempo y energía que en los primeros 25 años del siglo pasado Albert Einstein logró para su fundamentación científica de la teoría de la relatividad.
Es por ello que la unidad entre los dos espacios, tanto el vertical como el horizontal, en el universo Maya se convierte en “un cubo –la forma perfecta para Platón–, dividido horizontalmente en tres planos: astronómico, físico y espiritual –que es la triple naturaleza de Junab K’u o Junajpu, y seccionado verticalmente por los cuatro puntos cardinales. El centro del cubo es Junab’ K’u, ser único o superior, el engendrador de todo, de quien emanarían las demás divinidades, fuerzas y formas, Corazón del cielo, Corazón de la tierra y de la profundidad.”
“Representación ideal del universo… astronómico, espiritual, mental, físico y los cuatro puntos cardinales que forman intersecciones o nudos claves de amarres, Junab Ku’ en el centro del cubo, de donde nacen números cabalísticos o rituales: 1, 2, 3, Junab-ku’, unitario, dual y cuya naturaleza es física, astronómica y espiritual; 4 los puntos cardinales, 5 los puntos cardinales y Junab Ku’, 13 las doce intersecciones de los puntos cardinales con las líneas que limitan los tres sectores horizontales, más su contacto con el centro del cubo.”
Gracias por su atención. Si desea conocer y vivir el tiempo-espacio verdadero del universo y del cosmos de lo que hemos hablado, le invitamos a sumergirse en el uso del sagrado y perfecto calendario Maya Chol Ab’.
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