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El templo sagrado de Tojil

En el corazón de Q’umarkaj, la antigua capital del poderoso Reino Maya K’iche’, conocida también como Utatlán, se alza la estructura más imponente y reverenciada de todo el complejo ceremonial: El Templo Sagrado de Tojil. Aunque hoy permanece en silencio, cubierto por el paso del tiempo, sigue siendo el punto donde la tierra respira memoria y el cielo escucha.

Tojil, Ajaw del fuego sagrado, de la ofrenda, del cielo, del sol y de la lluvia, era más que una deidad tutelar: era el protector del linaje Kaweq’, el guardián del orden espiritual y político maya de Q’umarkaj. Su templo, el más alto de la ciudad, funcionaba como eje del universo maya K’iche’, donde se tejía la relación entre los gobernantes, los Ajkijab’ y el Creador y Formador.

En tiempos de esplendor, la cúspide del templo sagrado de Tojil albergaba un santuario donde se realizaban ceremonias que sostenían el equilibrio del reino. Allí se encendía el fuego sagrado que nunca debía apagarse, se ofrecían resinas aromáticas, se pronunciaban plegarias y se renovaba el pacto entre los seres humanos y las fuerzas divinas.

Aunque hoy el templo yace en ruinas, su espíritu permanece intacto. Los Ajkijab’ contemporáneos, junto con habitantes locales, continúan visitándolo para encender velas, dejar ofrendas y realizar ceremonias en el altar sagrado que aún se conserva al frente de la estructura. Para el pueblo maya K’iche’, Tojil sigue siendo un Ajaw vivo.

El complejo arqueológico se encuentra a 2.5 kilómetros al oeste de Santa Cruz del Quiché. Además del Templo de Tojil, el sitio incluye la Plaza Principal, el templo de Awilix, el juego de pelota y una red de túneles y cuevas sagradas que conectaban el mundo humano con el inframundo y el cielo.

El Pop Wuj, libro sagrado del pueblo maya, describe con solemnidad la vida ritual dentro del templo sagrado de Tojil. Allí se turnaban los Ajkijab’ para orar, ayunar y realizar ceremonias todos los días y todas las noches, sin interrupción. El servicio era continuo, rotativo y profundamente disciplinado.

Los Ajkijab’ y los señores principales de los linajes, especialmente los Kaweq’, mantenían una estricta pureza espiritual: Ayunaban por largos periodos. Se abstenían de alimentos comunes, y renunciaban a los placeres y relaciones sexuales durante su turno.

Esta disciplina no era un sacrificio humano, sino una ofrenda de cuerpo, mente y espíritu para mantener la comunicación con el Ajaw y con los abuelos.

Durante sus turnos, los Ajkijab’ oraban, invocaban, lloraban y declaraban bendición sobre la tierra, sobre el rey y sobre todo el pueblo. Pasaban noches enteras en vela, con el corazón lleno de gratitud, pidiendo luz, paz, multiplicación y sustento para la nación.

El Pop Wuj detalla cómo la oración en el templo de Tojil era un acto de profunda conexión entre lo divino y la vida cotidiana. Allí se decidía la victoria o el fracaso del reino, porque para los mayas K’iche’ el poder político no existía sin servicio espiritual genuino.

El culto en el sagrado templo de Tojil estaba tan institucionalizado que existían cargos específicos para su servicio, por ejemplo:

Los Aj Tojil:  eran los Ajqijab’ principales, encargados del culto, las ofrendas y los sacrificios rituales.

Los Aj K’amjá eran los responsables de recibir y organizar los tributos y ofrendas que los pueblos traían al templo para ofrendar ante el Ajaw y los abuelos y para ellos para ser bendecidos.

Estos cargos no eran administrativos: eran funciones sagradas que sostenían el orden cósmico.

En la cima del templo, los Ajkijab’ quemaban copal (pom), cuilco y otras resinas sagradas. El humo ascendía como un puente entre la tierra y el cielo, llevando las súplicas del pueblo ante el Ajaw y los abuelos. El fuego sagrado era el corazón del templo. Mantenerlo vivo era mantener vivo al reino.

La sociedad maya de Q’umarkaj estaba organizada en 24 linajes, con títulos como Ajpop y Ajpop K’amja’, que fusionaban liderazgo político y servicio espiritual. Ya que para los mayas K’iche’, gobernar no era un acto de poder, sino un acto de devoción: porque no existe autoridad legítima sin una relación genuina con lo divino desde la tierra.

Los gobernantes tenían que ser espirituales y tener una relación con el Ajaw y los abuelos para saber hacer el bien, pues quien no conoce el bien no puede pensar, hablar, sentir y actuar bien, mucho menos gobernar bien, por eso los lideres y gobernantes mayas tenían que ser espirituales para ejercer cargo de poder y autoridad.

El templo sagrado de Tojil jugó un papel importante en la prosperidad y esplendor del imperio maya K’iche, y sus gobernantes y en todo el pueblo en general, los ancianos mayas dicen que el día cuando el pueblo maya vuelva a honrar el Ajaw y los abuelos como se hacía en el templo sagrado de Tojil ese día la gloria del Mayab’ volverá habitar nuevamente en todo el pueblo maya.

Sinceramente: MayaTecum el Ajq’ij y Ajtij del pueblo maya.

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