| 2 K'at, 17 Mol del año 1 Kej, 5.154.Durante siglos, Europa entera desde Aristóteles y su discípulo Claudio Ptolomeo hasta la iglesia católica, sostuvo la idea de que la Tierra era el centro del universo. Aquella visión dominó el pensamiento occidental y moldeó la ciencia europea por generaciones.
Sin embargo, mucho antes de que Nicolás Copérnico (1473–1543) y Galileo Galilei (1564–1642) desafiaran esa creencia, nuestros abuelos mayas ya sabían la verdad: el centro de nuestro sistema no es la Madre Tierra, sino el Padre Sol, corazón luminoso que sostiene la vida y ordena los ciclos del cosmos. Esta certeza, que hoy confirma la ciencia moderna, fue parte esencial de la sabiduría maya desde los primeros amaneceres de la Creación.

La firma del gran astrónomo y matemático maya Sak Tahn Waax (700–800 d.C.) es una prueba viva de que nuestros ancestros fueron pioneros en matemática, astronomía, arquitectura, espiritualidad avanzada y ciencias profundas. Su legado demuestra que la civilización maya alcanzó niveles extraordinarios de conocimiento sin telescopios, sin calculadoras y sin tecnología moderna: únicamente con la fuerza de su mente, la precisión de sus ojos físicos y la claridad de sus ojos espirituales.
Si el clero católico no hubiese destruido la biblioteca maya el 12 de julio de 1562, hoy la humanidad entera tendría acceso a los descubrimientos científicos que nuestros abuelos desarrollaron miles de años antes que cualquier otra cultura.
A pesar de esa pérdida dolorosa, la firma del abuelo Sak Tahn Waax confirma que la ciencia maya nunca fue un mito: fue una realidad poderosa, adelantada y profundamente espiritual.

Caricatura de PL, editado y mejorado por Maya Tecum
Sabemos que Sak Tahn Waax fue hijo y discípulo de los grandes científicos del preclásico maya, aquellos que levantaron el majestuoso reino Kan, conocido hoy como El Mirador, cuna de la civilización maya y testimonio de una matemática y astronomía ya plenamente desarrolladas.
Lo confirman también los murales de San Bartolo, donde se encuentran los registros más antiguos del sagrado calendario maya Cholq’ij y Chol Ab’, y los textos de Xultun, ciudad del propio Sak Tahn Waax, donde reposan cálculos astronómicos y fórmulas matemáticas de una complejidad admirable.
Nuestros abuelos, los cuatro B’alaneb’ del sagrado Pop’ Wuj, dejaron un mensaje que hoy resuena con más fuerza que nunca:
“¡Oh, hijos nuestros! Nosotros nos vamos. Nosotros regresamos. No nos borren de su memoria. No nos olviden. Continúen su camino y verán de nuevo el lugar de donde vinimos.”
Ese regreso está ocurriendo. Poco a poco, el pueblo maya está despertando, está saliendo a la luz, está reclamando su lugar en la historia y en el presente.
Por eso es tiempo de que las nuevas generaciones mayas dejen de buscar sabiduría en tierras ajenas, porque sus propios abuelos fueron los primeros en alcanzar maravillas científicas, espirituales y arquitectónicas sin ayuda de telescopios, sin tecnología y sin artificios: solo con la grandeza de su espíritu y la profundidad de su pensamiento.
Hoy, con el hallazgo de la firma del gran abuelo astrónomo y matemático maya Sak Tahn Waax, la voz de nuestros ancestros vuelve a levantarse. Hoy, la ciencia maya vuelve a respirar. Hoy, el sol vuelve a iluminar el Saq’ B’e, (camino sagrado) de nuestro bendito pueblo maya.
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