En el sagrado calendario hoy es: Imox Wo' Kej  |  9 Imox, 14 Wo' del año 1 Kej, 5.154.

San Simón me sanó

Me encontraba todavía en cama una mañana, cuando sonó el teléfono. Al responder, era una hermana Ajq’ij que hacía poco tiempo que había conocido. Me llamaba para invitarme el 28 de octubre para realizar la ceremonia en honor a San Simón. Cuando oí eso, me levanté y me senté en la cama. Luego dije: ahora, ¿qué le digo? Hace poco que la conozco, no quiero herir sus sentimientos. ¿Cómo le digo que Maya Tecum no celebra el día de San Simón?

Después de titubear para responder, con mucho respeto le dije: mire hermana, quizá esta vez le voy a quedar mal. Desde ya le pido muchas disculpas. Fíjese que en Maya Tecum no celebramos el día de San Simón. En Maya Tecum solo celebramos las festividades mayas auténticas. Quizá usted no sabe, pero según nuestras investigaciones, hemos descubierto que San Simón no es cien por ciento maya, sino que es una mezcla de San Judas Tadeo y San Simón apóstol del catolicismo. Por eso, el 28 de octubre la religión católica celebra estos santos en este día, igual como lo hace una parte de nuestro pueblo maya a través de San Simón o Maximón, le dije.

Luego ella me respondió: ay, disculpe, pensé que ustedes celebran el día del abuelo San Simón. Pues la verdad, yo no sabía todo lo que usted me está diciendo, pero bueno, yo lo celebro; porque así me enseñaron mis maestros quienes me prepararon como Ajq’ij. Ellos me dijeron que debía celebrar al hermano San Simón cada 28 de octubre, por eso siempre lo he hecho. Pero no solo por eso lo celebro, sino porque un día me enfermé demasiado y tuve que ir al hospital. Me puse bien grave, y en el hospital le estuve pidiendo mucho al hermano San Simón para que me sanara. Y una noche vi en mis sueños a un hombre de traje negro que estaba al lado de mi cama. Supe que era el abuelo San Simón. Él me puso la mano en la cabeza, y desde ese momento me sané de mi enfermedad. Por eso creo y celebro el día del hermano San Simón, porque él me sanó, me dijo.

Respondiendo, le repliqué: sin duda lo que está diciendo es muy cierto, porque usted lo vivió y lo experimentó, lo cual es muy respetado de mi parte, le dije. Sí, hermano, por eso le llamo para que nos acompañe ese día para darle gracias al abuelo San Simón por mi sanidad. Si no quiere hacer la ceremonia, pues aunque sea venga a comer, o venga y nos hable más sobre la diferencia entre el abuelo San Simón y el abuelo Ri’j Laj Mam, me dijo. Luego respondí: pues, siendo así, sería un buen momento para compartir este tema entre todos los asistentes ese día en su casa. Pues entonces, cuente conmigo, le dije, y ella respondió: muchas gracias, hermano, será un gusto tenerlo con nosotros ese día, me dijo. Luego le dije: está bien, nos vemos ese día en su casa. Nos despedimos y colgamos el teléfono.

Después de colgar el teléfono, me quedé pensando sobre lo que ella me testificó de que ella fue sanada por San Simón. Luego me pregunté: ¿será cierto que San Simón sana? Y en ese mismo momento recordé una plática de dos abuelos señores de mayor edad que escuché en mi niñez. Yo acompañaba a uno de ellos. Íbamos en el camino, cuando nos encontramos con un señor. Nos saludamos, y luego el abuelo con quien iba le preguntó al otro abuelo a dónde iba tan contento. El otro abuelo respondió: voy a llevar mi ofrenda a San Simón en gratitud por el milagro que nos hizo, dijo. Luego el otro le respondió: ¡Ah vaya! Cuénteme, ¿qué milagro hizo San Simón en su vida? El otro respondió: pues fíjese que tenemos una vaca que por mucho tiempo no nos daba ninguna cría. Realmente ya estábamos desesperados porque esa vaca simplemente no daba cría para nada, hasta el día que fuimos a pedirle a San Simón que hiciera fértil a nuestra vaca. Ahora esa vaca ya nos ha dado un precioso ternero, leche, queso, y estamos muy contentos y agradecidos. Por eso ahora voy a ir a llevar mi ofrenda de gratitud al abuelo San Simón, dijo. Luego el otro preguntó: ¿realmente usted cree que San Simón fue el causante de ese milagro? ¿No será porque usted por fin llevó a su vaca a buen toro para que lo preñara? Le preguntó. El otro se puso a reír y ambos sonrieron. Como era niño todavía, hice que no había entendido, pero por dentro de mí, me reí también. Luego el dueño de la vaca dijo: pues eso no sé, solo sé que después de que le pedimos a San Simón, sucedió el milagro. Luego el otro replicó: pues yo sostengo que no fue San Simón quien hizo ese milagro, sino fue ese buen toro donde lo llevó, le dijo.

Luego, se despidieron y cada quien continuó su camino. El abuelo con quien iba continuó hablando solo y recuerdo que dijo: solo en la iglesia en Navidad había oído que una paloma blanca preñó a una virgen. Ahora San Simón preña las vacas también, pero no, señor, no fue San Simón quien preñó la vaca, fue el toro. Sí, fue el toro, decía, y yo solo escuchaba.
Cada año antes y durante el 28 de octubre, en Maya Tecum siempre publicamos nuestro punto de vista, resultado de nuestras investigaciones sobre San Simón o Maximón en nuestras diferentes plataformas digitales. Estas publicaciones siempre generan muchos comentarios, unos a favor y otros en contra. En este año, uno de los comentarios que recibimos y que nos llamó la atención es este que dice así: A mí San Simón me hizo un milagro hace muchos años y puedo dar fe de ello, me curó de una enfermedad que con nada se me curaba, por eso lo celebro en su día. Cuando vi este comentario, dije: otra que dice que San Simón lo sanó. Ahora, ¿cómo le vamos a responder a esta gente que dice que han recibido un milagro de sanidad de parte de San Simón? Luego me pregunté otra vez: ¿pero será cierto que San Simón sana y hace milagros? Luego dije: pero los guadalupanos también dicen que la Virgen de Guadalupe los sana, los de la Santa Muerte dicen que la Santa Muerte los sana, los marianos dicen que María los sana, los budistas dicen que Buda los sana, los musulmanes dicen que Mahoma los sana y los cristianos, ni decirlo, son famosos en decir que Cristo sana, que Cristo salva. Luego dije: no, pues todas las deidades, todos los santos, ídolos de la gente y de las religiones sanan, no solo San Simón.
Después dije: pero si la gente es sanada cada quien por su propio dios, entonces, ¿qué es lo que causa todos estos milagros en la vida de las personas, los cuales muchos de ellos son reales y no se pueden negar? Y la respuesta que encontré es esta: todas estas personas que dicen que San Simón, la Virgen o Cristo los sanó, realmente no fueron sanados por estos personajes, sino por su propia fe fueron sanados. La fe fue quien los sanó. Creyeron que San Simón, la Virgen, Cristo o San Cuadro los sanaría de su enfermedad, y esa creencia, esa fe puesta en San Simón, en la Virgen o en Cristo obró el milagro en sus vidas, pero no fue el poder de su santo favorito, sino su propia fe.

Es obvio que todas las deidades son inútiles y no sirven para nada donde hay incredulidad, donde hay apatía, donde hay duda. Solo donde hay fe, donde hay convicción, donde hay seguridad y una firme creencia en esos personajes u objetos de culto, ahí es donde pueden funcionar y suceden los milagros y cosas sobrenaturales. La fe en el milagro, la creencia en la sanidad es la que obra los milagros de sanidad. No es ningún santo o deidad alguna quien obra la sanidad.

Luego dije: así que la respuesta a todos aquellos quienes nos dicen que San Simón los sanó, que les hizo un milagro, es lo que el anciano abuelo dijo: no fue San Simón quien preñó la vaca, fue el toro. No fue Maximón quien te sanó, fue tu fe en San Simón. No fue Guadalupe quien te sanó, fue tu fe en Guadalupe. No fue Cristo quien te sanó, fue tu fe en Cristo quien te sanó. La fe en la buena salud, la creencia en la sanidad, es la que sana las enfermedades. La fe es la que salva de cualquier desafío. La fe es la que redime el alma de todo mal. La fe es la que restaura. La fe es la que te multiplica. La fe es la que te vuelve poderoso e invencible. Todos los que creen, los que tienen fe en el bien, siempre recibirán milagros. Todos los que tienen fe, los que son capaces de creer, obrarán y harán maravillas siempre, porque creer es igual a creación. Creas lo que crees, por eso asegúrate que tus creencias y tu fe siempre sean en el bien o en el milagro que estás buscando.
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Sinceramente: MayaTecum.com, el Ajq’ij y Ajtij del pueblo maya.
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