| 3 Tz'ikin, 8 Wo' del año 1 Kej, 5.154.Reciban muchos saludos en este día, un majestuoso día para continuar con las grandes revelaciones de los acontecimientos despiadados y horrorosos que cometieron los religiosos en contra de nuestros ancestros los Mayas el 12 de julio de 1562, actos repugnantes como los autos de fe, tema que aprendimos en el artículo número dos de esta serie. Ahora queremos compartir con ustedes más información del principal autor de toda la maldad en contra de nuestras abuelas y abuelos, el cual es el malvado sacerdote Diego de Landa. Desde los primeros años de la invasión española, a finales del siglo XV y principios del XVI, y a lo largo de la época colonial, obispos, frailes y curas católicos intentaron acabar con nuestras creencias religiosas mayas con el empleo de violentos tormentos, los cuales llegaban al máximo de terror con los llamados Autos de Fe. Actos públicos de la inquisición en los que se obligaba a los condenados a retractarse de aquello que la Iglesia Católica consideraba herejía y pecado; por supuesto, luego de la tortura, también debían “mostrar su arrepentimiento”. Esto tenía el objetivo de servir de lección para los demás y de “invitar” a todos a adherirse a la religión católica.
Uno de los autos de fe más conocidos fue el ejecutado por el malvado franciscano Diego de Landa, quien, el 12 de julio de 1562, castigó atrozmente a un buen número de sacerdotes mayas en Maní, Yucatán, que en ese entonces era parte de la Audiencia de Guatemala. Fueron azotados, trasquilados y les fueron puestos sambenitos para quemarlos vivos. El asesino de Landa dice en su libro: “De tristeza engañados del demonio, se ahorcaron y que en común todos mostraron mucho arrepentimiento y voluntad de ser buenos católicos”, consigna el propio malvado sacerdote en su libro Relación de las Cosas de Yucatán. France V. Scholes y Eleanor B. Adams, en su libro Don Diego Quijada, alcalde mayor de Yucatán, 1561-1565, describen que aquellos autos de fe eran tan crueles que, tras los azotes, al nativo maya “lo colgaban públicamente en la ramada de la iglesia, por las muñecas y echándole mucho peso a los pies y quemándole la espalda y la barriga”. Esa es la razón por la que muchos mayas “se arrepentían y se hacían católicos”. De Landa también incineró una gran cantidad de códices mayas; algunas fuentes indican que fueron al menos 27, aunque otras aseguran que fueron otras decenas más. Junto a esos papeles, mandó a destruir más de cinco mil libros y objetos de culto maya que habían sido descubiertos en una cueva. El objetivo de la incineración fue erradicar las prácticas religiosas mayas prehispánicas, representadas, sobre todo, por altares de piedra, libros y códices, objetos que de Landa consideró “obras del demonio”.
“En la provincia de Yucatán había unos libros de hojas a su modo encuadernados o plegados, en que tenían los indios sabios la distribución de sus tiempos, y conocimiento de plantas y animales, y otras cosas naturales, y sus antiguallas; cosa de grande curiosidad y diligencia. Parecéosle a un doctrinero que todo aquello debía de ser hechizos y arte mágica, y porfió que se debían de quemar, y quemáronse aquellos libros, lo cual sintieron después no solo los indios, sino españoles curiosos, que deseaban saber los secretos de aquella tierra (…) Esto sucede de un celo necio, que sin saber, ni aun querer saber las cosas de los indios, a carga cerrada dice que todas son hechicerías”, escribió el otro malvado padre católico José de Acosta (1539-1600) en su Historia natural y moral de las Indias.
De Landa, en su libro Relación de las cosas de Yucatán, también consigna lo que hizo: “Hayámosles gran número de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosa en que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se los quemamos todos, lo cual sentían a maravilla y les daba pena”. Los únicos códices que se salvaron, al menos descubiertos hasta ahora, son los que se encuentran en Madrid, conocido como Tro Cortesiano, París, Peresiano y Dresde, Alemania. Alonso de Zorita, escritor y burócrata español, escribió en 1540 que vio libros prehispánicos en el altiplano de Guatemala, en los cuales “narraban su historia de más de 800 años atrás y que fueron interpretados por mayas muy ancianos”. Fray Bartolomé de las Casas, otro de los malvados inquisidores, se lamentó cuando descubrió que muchos de los manuscritos mayas fueron destruidos, ya que él quería ser quien los hubiese querido quemar. Él dice: “Estos libros fueron vistos por nuestros clérigos, y yo aún pude ver restos quemados por los monjes, aparentemente porque ellos pensaron que podrían dañar a los indios en materia de nuestra religión católica, ya que se encontraban al inicio de su conversión al catolicismo”, escribió en el siglo XVI.
De hecho, el acto de Diego de Landa tuvo repercusiones inmediatas. El obispo de Yucatán, Francisco Toral, desaprobó el hecho porque también él quería ser el autor de ese auto de fe contra los mayas, por eso le informó al rey de España Felipe II. “En lugar de darles a conocer a Dios, les ha hecho desesperar”, le escribió. Por las diferencias que tenía con Landa, con Toral y con los encomenderos (personas que por concesión tenían autoridad sobre los indígenas), fue acusado de rigor excesivo y de usurpación de autoridad en el castigo, principalmente de los neófitos indios, según él. Diego de Landa regresó a España en 1563, donde fue juzgado por los dominicos, aunque luego fue absuelto gracias a los Breves Papales del Papa, quien decía que Landa era un enviado a una legislación especial del Vaticano que autorizaba a actuar como inquisidor en contra de los mayas.
Como ve, la historia es clara y no miente con toda la narración de estos actos repudiables maquinados desde el Papa y la cúpula del Vaticano en Roma y ejecutados por sus secuaces sacerdotes como Diego de Landa, Fray Bartolomé de las Casas y el obispo Francisco Toral, y otros más que veremos en los otros artículos de esta serie, que por sus propias bocas los descubriremos gracias a sus escritos que hasta hoy en día están disponibles para todos los genuinos investigadores como nosotros. Por hoy, es todo. Gracias por su atención, recuerde que decir la verdad no es pecado, sino liberación de las mentiras, y lo estamos haciendo para que sepamos, porque los mayas hacemos B’ISS OOK’EJ (Día de luto y Lamentación Maya) este día en particular, lo cual es este próximo 12 de julio. Nuevamente, gracias por su atención. Sib’alajmaltiox (Muchas Gracias).
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